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Nada es tan difícil de ganar, y tan fácil de perder, como una buena reputación. Un filósofo dijo: Haber perdido la reputación es estar muerto entre los que viven". Quizás cuando niño oíste a tus padres decir: "Recuerda, lo que hagas y digas se refleja en nosotros". Ellos querían decirte que el prestigio de la familia era manchado o realzado por tus acciones.
Quizás por eso Dios respondió con juicio tan aterrador sobre Nadab y Abiú. Por su negligencia y desobediencia, ellos arriesgaron la reputación de Dios tanto dentro como fuera de la nación -un pecado muy grave.
Tu vida de cristiano es la única "Biblia" que algunos leerán. ¿Revelas a otros un Dios santo por tu dedicación a la santidad, o dañas la reputación de Dios con una vida inconsecuente? Escribe este pensamiento en una tarjeta y llévala contigo hoy:
"Yo, con mi manera de vivir, arriesgo la reputación de Dios. Quiero preservarla, no deteriorarla.
Entonces, cada vez que seas tentado a desviarte de la santidad de Dios, saca la tarjeta. Leéla; piensa; ¡y deja que Dios te fortalezca para ser total y santamente tuyo.
El peligro de no vivir a la altura de tu nombre Nadab ("noble, virtuoso") Y Abiú ("Dios es mi padre") estaban en peligro de dañar algo más que la reputación de su Dios. De habérseles permitido seguir su curso pecaminoso, habrían mancillado tanto sus familias como los nombres piadosos que llevaban.
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